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"Nadie educa a nadie; nadie se educa solo; los hombres se educan entre si, mediatizados por el mundo."
Paulo Freire

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lunes, 10 de octubre de 2011

DIFERENTES PUEBLOS INTEGRAN EL MUNDO

Diversidad de culturas, etnias y creencias

Hoy más que nunca la diversidad de los pueblos que integran el mundo forma parte de nuestra realidad. Por una parte, los medios de comunicación nos ponen en contacto con las realidades de otro pueblos, podemos ver y escuchar a personas que viven al otro lado del planeta vidas muy diferentes a la nuestra, por su cultura, sus costumbres, su lengua, su religión y a menudo por su nivel de vida. Por otra parte, el fenómeno de la inmigración a nuestro país de personas que huyen de la pobreza, de la guerra o de situaciones catastróficas, hace que, cada vez en mayor medida, convivamos en la escuela y en nuestros barrios personas de culturas diferentes. Nos movemos, por tanto, en un mundo plural al que debemos dar respuesta desde una perspectiva interculturalista.
Sin embargo, a menudo hablamos de multiculturalidad o interculturalidad corriendo el riesgo de quedarnos en lo anecdótico. Quizás el afán de ser positivos hace que pongamos el acento en la idea de valorar las diferencias, deteniéndonos en el mero conocimiento de esa diversidad cultural. Pero si de verdad queremos trabajar desde un enfoque interculturalista no podemos olvidar que esa diferencia se establece dentro de una jerarquía, y lo mismo que ocurre dentro de nuestra sociedad con la diferencia de sexos o de clases sociales, ocurre también entre los diferentes pueblos. No se trata sólo de que nos guste más o menos una etnia o una cultura porque sea diferente a la nuestra, sino que automáticamente una, la dominante, jerarquiza a las demás (en algunos casos por ser minoritarias y en otros por ser simplemente más débiles económicamente) creando para ellas una situación de desigualdad e injusticia socio-económica y cultural. Tanto es así que esta desigualdad divide al mundo en categorías y traza una frontera insalvable entre el Norte y el Sur.
De todos modos ¿qué ocurre cuando tenemos que convivir con  pueblos que tienen costumbres diferentes a las nuestras? La proverbial desconfianza en lo desconocido, en el otro, hace que sintamos un rechazo casi inconsciente hacia lo que es diferente y, si a veces se producen rechazos hacia el del pueblo de al lado o el de la Comunidad limítrofe, qué será cuando nos encontramos con formas verdaderamente distintas de vivir, desde la lengua hasta la religión pasando por la organización familiar, la alimentación, las costumbres...
Solemos decir que nosotros no tenemos nada en contra de ellos: “a mí no me importa que sea extranjero... pero que se adapte”. Esta actitud etnocéntrica nos hace ver las cosas únicamente desde nuestro prisma: en el mejor de los casos les toleramos pero pedimos a estas personas que se asimilen, porque se supone que nuestra manera de vivir es la mejor. En el peor, les impedimos hasta que se asimilen con leyes
que limitan y dificultan su estancia en nuestro país o permitimos que vivan en condiciones infrahumanas, lo cual genera una violencia estructural que tarde o temprano desemboca inevitablemente en conflictos sociales.
Es urgente, pues, revisar nuestras propias actitudes (etnocentrismo, estereotipos, prejuicios...) en relación a
estos temas y cuestionar las de nuestros chicos y chicas si queremos educar a nuestro alumnado en un verdadero interculturalismo, comprometido, solidario y respetuoso con la diversidad. Que el derecho que él
y ella tienen a pertenecer a un pueblo, vivir dignamente en él y sentirse orgullosos, lo tengan también el resto de los seres humanos “independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión...”  a la que pertenecen. En alguna medida, también está en nuestra mano.

Fuente:
  • ARARTEKO. Materiales basados en la convención sobre los derechos de la infancia. Educación primaria.

martes, 2 de agosto de 2011

TÉCNICAS PARA EL AULA: Educar la autoestima elogiando antes de criticar

Los objetivos de esta técnica son: educar la emoción y la autoestima, vacunar contra la discriminación, promover la solidaridad, resolver conflictos en el salón de clases, filtrar los estímulos estresantes y manejar la pérdida y la frustración.
 
El elogio alivia las heridas del alma, educa las emociones y la autoestima. Elogiar es alentar y enfatizar las características positivas. Hay padres y maestros que nunca elogian a sus hijos y estudiantes.

¿Cómo ayuda a un alumno o hijo que ha fallado, atacado a otros o tenido reacciones inadmisibles? Uno de los grandes secretos es usar la técnica elogio-crítica. Primero, elogie algunas de sus características. El elogio estimula el placer, y el placer abre las ventanas de la memoria.
Momentos después, puede criticarlo e invitarlo a reflexionar sobre su falla.
Criticar sin elogiar primero entorpece la inteligencia, hace que el joven reaccione por instinto, como un animal amenazado. Los seres humanos más agresivos se derriten con un cumplido y, por lo tanto, se les desarma para poder ayudarles. Muchos asesinatos podrían haberse evitado si, durante el primer minuto de tensión, la persona amenazada hubiera expresado algún cumplido a su agresor.
Una vez, un hombre de ascendencia alemana, cuyos abuelos sufrían de traumas de guerra, vino a mi oficina. Era muy agresivo. Dijo que mataría a cualquiera que se cruzara en su camino, incluyendo a sus hijos. En una de las sesiones, le dije algo que no le gusto, sacó una pistola y me amenazó. ¿Sabe usted lo que hice? No me dejé intimidar. Lo miré a los ojos y le hice un cumplido. Le pregunté: “¿Por qué un hombre inteligente necesita un arma para exponer sus ideas?”, y continué: “¿Sabe que usted tiene una gran capacidad intelectual, y que a través de ella puede ganarse a cualquier persona?”
El cumplido lo sorprendió. Su ira se derritió como el hielo bajo el sol de mediodía. Comenzó a llorar. De ahí en adelante, tuvo una excelente evolución en su tratamiento. Se volvió un ser humano muy amigable. Si yo no hubiera actuado de esa manera, probablemente no estaría aquí escribiendo este libro.

Vacunar contra la discriminación

Pruebe elogiando a su pareja, a sus hijos, a sus estudiantes y a sus compañeros de trabajo antes de criticarlos. Siempre hay razones para valorar; encuéntrelas. Después del cumplido, haga su crítica, pero dígala una sola vez. No se genera un momento educacional repitiendo la crítica, sino mediante su registro privilegiado. Si usted utiliza esta técnica durante unos meses, sus relaciones sociales serán totalmente distintas. Será capaz de conquistar a la gente más fría e insoportable.
No hay niños problemáticos, sino niños que tienen problemas. Elogie a los niños tímidos, obesos, discriminados, hiperactivos, difíciles y agresivos. Aliente a aquellos de quienes todos se burlan, a los que se sienten menos que los demás. Ser un educador es ser un promotor de la autoestima.
Si pudiera, iría de escuela en escuela en varias partes del mundo, capacitando a los maestros para comprender el funcionamiento de la mente y para entender que dentro del pequeño espacio de la escuela se activan grandes traumas emocionales. En vez de elogios hay críticas agresivas. Con frecuencia, los estudiantes se lastiman seriamente entre sí.
No permita, bajo ninguna circunstancia, que los estudiantes llamen a sus compañeros “gordo” o “elefante” porque son obesos. No tiene usted idea del vacío emocional que estos apodos provocan en el campo del inconsciente. No les permita hablar peyorativamente acerca de los defectos físicos y el color de la piel de los demás. Estas bromas no son inocentes.
Ocasionan graves conflictos que nunca se pueden borrar, sólo reeditar. La discriminación es un cáncer, una mancha que siempre ha empañado nuestra historia.
Desde pequeñas, enseñé a mis hijas a entender que dentro de cada ser humano hay un mundo por descubrir. Han aprendido a vacunarse contra la discriminación. Tengo ascendencia europea y oriental. ¿Sabe usted cuál es el color de las dos muñecas de mis hijas menores? Negro. Se duermen felices con sus muñecas negras, aun cuando nosotros somos blancos. Nunca he interferido con esta elección. Ellas han aprendido a amar la vida.
Enseñe a los jóvenes con palabras, y sobre todo con actitudes, a amar a la especie humana. Dígales que más importante que ser americanos, árabes, judíos, blancos, negros, ricos o pobres, es el hecho de que somos una especie fascinante. En el trasfondo de nuestra inteligencia, somos más parecidos de lo que imaginamos. Elogie la vida. Invite a los jóvenes a soñar. Si dejan de creer en la vida, no habrá futuro.

Fuente:

  • Dr. Augusto Cury, Padres brillantes, Profesores fascinantes

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