Hablar de Malvinas invita a pensar en la idea de soberanía. Por un lado, porque el reclamo del ejercicio de la soberanía territorial tiene un largo recorrido en la historia de la Argentina. Y, por otro, porque a través del mismo podemos reflexionar sobre las implicancias de la lucha de una nación para ejercer su capacidad de decisión y sobre el modo en que otras naciones hermanas la acompañan.
Desde hace casi dos siglos, la Argentina reclama la recuperación de la soberanía en las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes. La demanda diplomática y judicial sólo se vio interrumpida durante los 74 días que duró la guerra de 1982.
La demanda por la soberanía de Malvinas tiene como antecedente fundacional la ocupación británica, ocurrida en 1833, acción que puede ser definida como una verdadera usurpación ilegal realizada por el uso arbitrario de la fuerza y que expulsó a parte de la población. Y que forma parte del proyecto imperialista que Inglaterra desplegó durante fines del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX. La ubicación del archipiélago entre los océanos Atlántico y Pacífico colocó a las islas en la mira estratégica de la expansión del Imperio, ya que fueron pensadas como base de control, reaprovisionamiento y vigilancia austral aún antes de su usurpación.
¿Por qué las Malvinas son argentinas?
Los argumentos argentinos para afirmar la soberanía tienen varias dimensiones. En primer lugar, están los argumentos geográficos: las islas forman parte de la plataforma continental de la Argentina y, además, la proximidad de las Islas Malvinas respecto al territorio continental es evidente en contraste con la distancia que existe entre éstas y Gran Bretaña.





